Written by Bernat Garrigos
Este artículo se encuentra aquí http://blog.actigreen.com/la-glaciacion-perdida/
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En artículos anteriores ya he hablado de mi método de trabajo con GTD Organizando el trabajo con GTD y Gmail y la Oficina sin papel. En los últimos meses he descubierto herramientas que me han permitido mejorar aún más mi oficina sostenible.
Hoy en día el Gmail sigue siendo la mejor herramienta de gestión del correo, pero he cambiado otras dos herramientas. Por un lado he sustituido el Toodledo por el OmniFocus, esta última tiene una mucho mejor integración entre las diferentes plataformas que yo trabajo, el Mac, el iPad y el iPhone (no hay versión Windows, sorry) y cualquier modificación en una tarea en uno de los aparatos se modifica en la nube y se sincroniza en las otras plataformas de forma transparente y simple. Las otras herramientas de gestión de tareas utilizadas anteriormente nunca sobrevivieron mucho tiempo en mi metodología de trabajo, pero con Omnifocus llevo más tiempo y más a gusto que con todas las anteriores.
El otro instrumento dentro de una metodología GTD imprescindible es un repositorio de ideas, anotaciones, documentos, links, imágenes, etc … También es necesario que esta herramienta sea multiplataforma y se sincronice el momento a través de la nube. Pues también existe, y se llama Evernote. En este caso si que existe una solución multiplataforma para Mac, Windows, iPad, Blackberry, Android, etc … Aquí van a parar multitud de textos, archivos e imágenes. El programa incorpora un reconocimiento de caracteres (OCR) para las imágenes incorporadas y un lector de PDFs entre otras cosas. Echo de menos una mejor gestión de los archivos incorporados, pero lo encuentro mucho más práctico que el OneNote de Microsoft.
Con esta configuración estoy muy cerca de la gestión sin papel y cada día imprimo menos documentos. Adelante con la sostenibilidad tecnológica.
Hoy en día mucha gente ya conoce algún tipo de etiquetado ambiental que informa de que ese producto tiene alguna característica ambiental deseable. Las etiquetas más conocidas hoy por hoy son las que marcan los productos alimenticios ecológicos, biológicos u orgánicos. En este caso un certificador externo comprueba que el producto ecológico sólo utiliza productos completamente naturales en todo su ciclo de producción y manipulación.
Un sello mucho menos conocido es el que indica la huella del carbono de un producto, es decir la cantidad de carbono que hay que generar para producir, transportar, utilizar y disponer a lo largo de toda su vida. En Inglaterra o Francia ya los utilizan desde hace unos 3 años, pero los países del arco mediterráneo aún no los conocemos.
Hay varios sellos relacionados con el Carbono, y de hecho aún se encuentran en fase de pruebas o implantación, ya que hay una dificultad técnica elevada para implantarlos. Para poder hacer el cálculo hay que estudiar y medir a fondo toda la cadena productiva, analizando qué recursos se utilizan, la energía a utilizar para mover máquinas, hornos, fábricas, tractores, bombas de agua, los camiones que deben mover las materias primas, componentes, productos acabados, y el carbono que se utiliza en el uso final del producto y luego destruirlo o reciclarlo. Estos estudios pueden costar unos 25.000 € por producto y esto dificulta su implantación. Algunos de estos sellos son autocertificaciones, y otros son certificaciones de terceros. Algunos sellos incorporan sólo la creación del producto y otros también incorporan su uso, con la dificultad que ello implica, ya que un detergente puede requerir un 15% de su CO2 para fabricarlo pero llegará a generar un 85% del CO2 durante su uso, y esto varía mucho según utilizamos agua fría o caliente para lavar o un tipo u otro de programa más o menos largo.
Algunos grandes almacenes como Tesco, el primer retailer del Reino Unido, ya tienen más de un centenar de productos marcados con el sello Carbon Reduction Label y contrastado por Carbon Trust International. Los estudios hechos sobre detergentes, zumos de fruta, bombillas o patatas nos enseñan muchas cosas sobre el ciclo de vida de los productos que utilizamos en la vida cotidiana.
Ser conscientes del impacto de nuestro consumo es el primer paso para poder elegir la mejor opción y poder reducir nuestra huella ecológica.
Felicitamos las empresas que ya han iniciado este proceso. Ahora la difusión y la demanda social debe hacer que estos sellos se impongan a más productos y países.
A falta de coches eléctricos, hace poco he estrenado un coche híbrido con motor de gasolina y motor eléctrico. Se trata de un modelo pequeño que se anuncia que puede llegar a consumir menos de 4 litros/100 km. La verdad es que aún no he conseguido ningún registro tan bajo, pero puedo compartir con vosotros algunas experiencias interesantes que he tenido en el proceso de adaptación al nuevo vehículo.
Evidentemente el bajo consumo del coche era el principal reclamo por haber optado por un coche híbrido, pero también he aprendido que no todo el ahorro se debe a un coche más eficiente. Los primeros días hice la misma conducción que hacía con el anterior vehículo, y la media de consumo que marcó el coche fue un poco inferior a los 6 litros/100 km. Los coches de gasolina comparables por potencia y prestaciones podrían estar consumiendo unos 7 l/100 km, por lo que calculo que el ahorro por la mejor tecnología del coche estará entre el 15 y el 20% menos de consumo. Respetable, pero todavía lejos de lo necesario para que la gente asuma el mayor gasto de un coche híbrido por justificaciones económicas.
Hice una pequeña búsqueda en internet sobre la conducción del coche híbrido para saber cómo podía reducir este consumo y he descubierto que el coche tiene ayudas para hacer una conducción más eficiente pero que hay que practicarlas. Este coche en concreto no lleva una cuenta revoluciones habitual, sino que lleva un potenciómetro dividido en tres partes. La aguja marca en cada momento en qué punto de ahorro a la conducción nos encontramos. La parte baja es la de carga de la batería, es cuando el coche está desacelerado, se está frenando o está haciendo una bajada pronunciada y aprovecha para cargar la batería. La segunda parte es la de conducción eco. Es el régimen habitual de los motores, donde el coche se impulsa por la fuerza del motor de gasolina y del motor eléctrico. La parte superior es el de la conducción en potencia y es la de mayor consumo de gasolina.
Para hacer una conducción de bajo consumo no hay que pasar a la zona de potencia y mantenerse el máximo posible en las zonas eco y de carga. Esto no siempre es posible ya que en subidas o al hacer adelantamientos se aprieta un poco más el acelerador y entramos en la zona de potencia, pero si lo respetamos al máximo nos encontraremos fácilmente conduciendo a velocidades más bajas y con aceleraciones más suaves. Aplicando esta norma tan sencilla el consumo del coche híbrido baja a 4,5 l/100 km, es decir un 20% menos de consumo sin tener en cuenta este estilo de conducción, que sumado al ahorro anterior hace que el coche pueda gastar un 40% menos que un coche comparable.
De ello he sacado dos lecturas interesantes. Primero y muy evidente pero que hay que ponerla en su sitio, el ahorro no depende únicamente del coche sino de la conducción. Conduciendo a velocidades ligeramente más bajas y sin aceleraciones fuertes conseguimos el 50% del ahorro que puede realizar este coche híbrido, y eso es aplicable a todos los coches!
La segunda lectura es que para conseguir este ahorro por estilo de conducción son muy útiles las ayudas que el coche híbrido incorpora, el indicador de consumo instantáneo con una aguja tipo cuenta revoluciones, el tablier luminoso del coche que cambia de color cuando entramos en zona de potencia y de bajo consumos, y los diversos valores de consumo instantáneo y promedios que ofrecen las dos pantallas de apoyo del vehículo. Este soportes son muy importantes. Me han recordado un producto que tenemos en Actigreen, el WaterPebble, una pequeña pieza de plástico que con unas lucecitas te va indicando cuando tu ducha ya está durando demasiado y habría que terminar. Al igual que con el WaterPebble donde yo acababa compitiendo para hacer mis duchas más cortas, mi nuevo híbrido me da una información sobre el consumo que me incita a intentar conseguir consumos más bajos.
Queda muy claro que los avances tecnológicos no sólo sirven para conseguir ahorrar energía con un comportamiento habitual sino que también ayudan a modificar tu comportamiento para conseguir un ahorro aún mayor.
Hace tres días del accidente nuclear de Japón y todavía no sabemos cómo acabarán las centrales nucleares siniestradas, pero lo que si sabemos es que el debate nuclear sí / no se vuelve a reactivar y seguro que algunos planes se detendrán y otros regularán para rebajar riesgos aceptados hoy en día. El problema con la los riesgos ambientales de muy baja probabilidad es que nos acostumbramos a la ausencia de accidentes y percibimos que los riesgos disminuyen, cuando el riesgo ha sido siempre el mismo, sencillamente era una cuestión de tiempo, es puramente una cuestión de probabilidades, los accidentes acaban pasando. Pero eso no quiere decir que no podemos asumir ningún riesgo, todos asumimos riesgos cada día, al atravesar una calle, subir a un coche, entrar en un edificio alto, etc., pero hay ciertos riesgos donde nosotros obtenemos las ventajas y también pagamos los costes y en el caso de la energía nuclear, o los organismos modificados genéticamente, donde la generación actual gana pero los costes los pagarán durante siglos las generaciones futuras. ¿Qué derecho tenemos a explotar el planeta ahora y dejar que lo paguen nuestros hijos, nietos y aún más allá?.
Ya es bastante difícil regular las actividades humanas con un impacto ambiental grave que podemos medir día a día como sería la destrucción de los hábitats naturales, la polución de las ciudades, o la sobreexplotación pesquera, pero si el coste lo pagan sobre todo las generaciones futuras y sólo después de un accidente, es muy fácil que los subestimemos. Por eso es muy importante que este tipo de riesgos se minimicen o eviten totalmente, ya que es demasiado tentador cobrar ahora y que paguen luego.